¡Luz, más luz!, o la agonía de la universidad

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Por Carlos Hermoso*

¡Luz, más luz! Es la expresión que le asignan al gran escritor y sabio alemán Wilhelm Goethe, instantes antes de morir. Igual parece clamar la universidad venezolana.

La universidad en los espacios donde prevalece el cristianismo nace del seno del período más oscuro de ese mundo. El oscurantismo medieval debió dar paso a un centro que produzca luz: la universidad. Para ello crea, a su vez, la autonomía. Poder decir cosas fruto de la razón hasta alcanzar la verdad, es el sino de esa especial casa de estudios. Aunque condicionada por la fe, la universidad medieval va sentando las bases que permitieron desarrollos importantes de la filosofía y las ciencias naturales que pudieron incidir significativamente en innovaciones científico tecnológicas que sirvieron de base para el desarrollo industrial. Claro, sin descuidar el afianzamiento de ideas que garantizaran el dominio feudal y religioso. La naciente burguesía y las demandas sociales apuntalan el proceso científico. Concesiones mutuas pues.

Así, la democracia universitaria se funda en dos premisas que brindan la base de su naturaleza. De una parte, nace la universidad con base en quienes se fueron agrupando para el desarrollo del conocimiento más avanzado para la época. Universitas, suerte de gremio conformado por quienes configuran la práctica del saber, es la base de esta institución. En segundo lugar, es la búsqueda de la verdad, lo que la funde, no centro de meros saberes. Es el saber científico y lo positivo de la cultura universal, lo que debe guiar la universidad.

Luego, una diferencia de la democracia universitaria de la democracia formal representativa es que gira en torno del precepto de la búsqueda de la verdad. Por tanto, debe privar el principio según el cual la democracia es una acción, una práctica consciente, que permite que se tenga capacidad para decidir, y cultura en torno de lo que se decide, en su máxima expresión. Una relación dialéctica que permite que el respaldo del voto sea la cultura. El acto consciente.

Universidad y la catástrofe

El proceso erosivo de la economía durante las dos décadas de chavismo, más lo arrastrado del período bipartidista, llevó a la destrucción buena parte del aparato productivo y de las condiciones de vida de las mayorías. Con ello, el continuo deterioro de la educación venezolana hasta llevarla al actual proceso de extinción.

La universidad tiene razón de ser en tanto haya un desarrollo de las fuerzas productivas que pujan al conocimiento para alcanzar la verdad, guiarse por ella para desarrollos en todos los terrenos; tanto científico y tecnológico, como para la compresión de la realidad económica política y social y apuntalar la positividad del progreso cultural. Con la destrucción de la economía va perdiendo su razón.

Camino al ocaso, la dictadura va destruyendo su comunidad. El hambre que llega a los hogares de docentes y estudiantes, así como de quienes deben garantizar su funcionamiento y mantenimiento, es la base material más objetiva de este proceso demoledor. La migración a otras latitudes u otros empleos u oficios hacen que la merma docente, estudiantil y de empleados y obreros contribuya a su debilitamiento.

Previo, se han afianzado ideas que nos apartan de su misión. El chavismo confunde, dentro de un criterio de raigambre posmoderna, la naturaleza de la universidad como un mero centro de saberes. El saber científico y de los más avanzados de la humanidad y de la cultura de una sociedad, no son cualquier saber. Todos ellos pueden ser analizados desde la perspectiva universitaria antropológica, pero no se debe rebajar la naturaleza de la universidad. Eso explica el objetivo chavista de cambiar su naturaleza, rebajándola, expresado en que en la Ley Orgánica de Educación no aparece siquiera una vez la palabra ciencia.

Es así como la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de justicia al servicio de la dictadura, en sentencia 324 del 27 de agosto de 2019, ordena a la Universidad Central de Venezuela la realización de un proceso electoral írrito. De acuerdo al Artículo 109 de la Constitución, ley de Leyes,  la comunidad universitaria estaría conformada por: “… profesores, profesoras, estudiantes, egresados y egresadas …”. Criterio que es contravenido en el Artículo 34 de la Ley Orgánica de educación que establece que la comunidad universitaria estaría integrada por “… profesores y profesoras, estudiantes, personal administrativo, personal obrero y, los egresados y las egresadas…”. Siendo de carácter inconstitucional la Ley orgánica, de allí parte el TSJ para violentar la autonomía. Con el criterio populista, busca ganar simpatías en una comunidad y de todos quienes laboran en ella que los rechaza plenamente, aun con la idea de comunidad que usan oportunistamente.

Qué hacer

La desolación de las universidades es reflejo del país. De mengua muere. Y de esa situación debemos sacarla. Son tiempos que llaman al heroísmo. No de ese de rasgarse las vestiduras desde ópticas irracionales. Parecen no ser momentos de afilar las ideas de candidatos para participar en unas elecciones arbitrarias. Son tiempos en los cuales el saber científico y de lo más excelso de la cultura universitaria en todos los campos, debe parir ideas para transformar este estado de cosas. La democracia universitaria debe hacerse carne en asambleas en las que se debata su naturaleza orgánica. Debe dotarse de lo que carece la sociedad toda, de una dirección política que guíe por el camino de una lucha de pleno sentido. Que levante una propuesta de país con sentido nacional y popular y formas de lucha y organización que permitan enfrentar esta batalla que para la dictadura luce final para aplastarla. Y de verdad puede ser final, o ellos apagan la llama o nosotros le damos sentido al sacrificio de Prometeo.

La ideología conservadora que se fue entronizando, debe dar paso a nuevas ideas de cambio y de pelea. De lo contrario viviremos la mengua de la que otrora fuese llamada la casa que vence las sombras.

*Economista y Doctor en ciencias sociales. Profesor asociado de la Universidad Central de Venezuela. Dirigente político

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